IRM, su tercer proyecto musical, es mucho más que una continuación de 5:55, mucho más que un paso hacia adelante: es un salto gigantesco, cosa que debe achacársele a Beck Hansen, que cienciólogo y todo, es el genio detrás de la variadísima oferta musical de IRM. Beck es el autor de todos los temas (con excepción de "Le Chat Du Café Des Artistes"), escritos con base en ideas y experiencias sugeridas por la propia Gainsbourg, además de contribuir como músico, arreglista y en los coros. Y a pesar de esta omnipresencia, Beck cede con maestría los reflectores a la voz y a la capacidad interpretativa de Gainsbourg, quien, como buena actriz, sabe crear y recrear emociones, personajes y situaciones, lo mismo frente a la cámara como frente a un micrófono.
Líricamente, IRM es un álbum lleno de símbolos, metáforas y reflexiones. El antecedente directo de esta grabación fue un accidente de esquí sufrido por Charlotte, quien tuvo que recuperarse de un derrame cerebral casi mortal. ¿Qué sigue? La respuesta es obvia: un álbum que habla sobre la experiencia de ese roce con la muerte. Pero lejos de que IRM sea un álbum de tintes sombríos, es todo lo contrario: está lleno de optimismo, vitalidad, experimentación y hasta humor negro.
Hay euforia en temas como la abridora "Master's Hands" o en "IRM" (las siglas de "Imagen por Resonancia Magnética" en français), canción de temática anatómico-quirúrgica en el que el protagonista es el equipo médico mismo. Este inspiró el ritmo y la estructura del tema tras varios meses de chequeos médicos a los que Gainsbourg tuvo que someterse tras su accidente. Es un tema impetuoso, primigenio, violento casi, así como lo más experimental en la carrera musical del pimpollo de Serge y Jane.
"Voyage" es otro tema lleno de ritmos exóticos y exquisitos: percusiones africanas, cuerdas del Medio Oriente, cantado por completo en francés. Todas estas características lo convierten en un auténtico viaje sonoro: pinta tantos paisajes como emociones y, al final, uno cree de verdad que ha cruzado el mundo entero en cuatro minutos y un segundo. Sin duda una de las mejores canciones del disco.
Gainsbourg muestra su lado más amigable con "Heaven Can Wait" (por algo es el primer sencillo del álbum), entra en los terrenos del folk con "Me and Jane Doe" (muy del estilo de Fleet Foxes), visita el blues en "Dandelion" y "Looking Glass Blues" (bonus track de la edición digital), abraza la electrónica lo-fi en la extravagante "Greenwich Mean Time", coquetea con éxito con el punk-rock en la sensual "Trick Pony", se codea con un rock progresivo muy "sigurrósesco" en "Vanities", provoca con la engañosamente simple "La Collectionneuse" (que parte de un loop de piano etéreo y onírico y crece hasta alcanzar proporciones épicas), desnuda su voz y su alma en "Time of the Assassins" (que encierra en menos de tres minutos la melodía pop perfecta), y hasta homenajea a la chanson française en "Le Chat Du Café Des Artistes", un tema del canadiense Jean-Pierre Ferland y que data de los años setenta. Tanto Beck como Charlotte se prendaron de la canción, quizá por la forma en que aborda el miedo a la muerte, al olvido, a ser "devorado" por otros: no es otra cosa que un apunte crudo, ácido, casi masoquista, sobre las consecuencias inevitables de la fama, el vértigo de la vida en el ojo público, los gajes propios del showbiz
Nombre del Álbum:
IRM
Género Musical:
Sello Discográfico:
warner
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